Eximio pensador, extraordinaria persona.

Jose Carlos Mariátegui La Chira (1894 – 1930 Perú)

Su obra cumbre es el texto «Siete ensayos de la realidad peruana» de 1928

Es autor, director y gestor de la revista Amauta, que concentra la producción literaria, filosófica, política y cultural del Perú y del mundo desde 1926 hasta 1930. Publica 32 ediciones.

Estás 32 están en la web, visite: Revista Amauta.

Para mí JCM es el primer empresario de la izquierda peruana, justo, noble, amigo, sencillo, genial, único. Recuerde que fundó la empresa Minerva, imprenta y editorial, que ha existido desde 1925 hasta 1917, más de 90 años.

Sobre su virtud empresarial, hay pruebas: con Amauta plasmó un esquema de accionariado difundido, que con la publicidad y el grupo de suscriptores “Amigos de Amauta”, fueron la base de su economía

José Carlos Mariátegui La Chira fue un escritor, periodista y pensador político peruano, autor prolífico a pesar de su temprana muerte. El Amauta es el nombre con el que también se conoce en su país, y fue uno de los principales estudiosos del socialismo en América Latina

Fecha de nacimiento: 14 de junio de 1894, Moquegua
Fallecimiento: 16 de abril de 1930, Lima

Padres: Francisco Javier Mariátegui Requejo (1848-1907)
María Amalia La Chira Ballejos (1860-1946)

Cónyuge: Anna Chiappe (c. 1920-1930)
Hijos: Gloria María Mariátegui Ferrer, Sandro Mariátegui Chiappe, Sigfrido Mariátegui Chiappe, José Carlos Mariátegui Chiappe y Javier Mariátegui Chiappe

Es tan reconocido José Carlos Mariátegui que Pablo Neruda le hizo un poema:

So­bre Mariátegui seguirá cantando el mar. Lo echarán de menos nuestras praderas; nuestras desoladas planicies. El viento en las alturas superiores lo recuerda. Nues­tro pequeño hombre oscuro que crece a tumbos lo necesita porque él nos ayudó a darle nacimiento. El comenzó por darnos luz y conciencia.

Los poetas seguirán cantando su parti­da, sus obras, su cristalina contribución.

Aquí sólo hay algunas hoces que levantan cantando el cereal que nos legara. Aquí silo hay algunas notas de quena, de lira, de guitarra, que lo llaman aún.

El desde su ausencia acude, acude siempre. Porque está vivo. Resplandece detrás de las antiguas piedras peruanas, camina por vías y carreteras, sube por los andamios, continúa su pensamiento.

En el juego de la vida y la muerte Mariátegui sacó —no por azar— la cara o la cruz de la vida. Otros, vociferantes, inauditos, son vividores pero no vivientes.

El, de sus propias, dolorosas células construyó tanto que lo que hacemos y haremos tiene en él sus cimientos. Fue un examinador que enseñaba, fue un maestro que metió las manos en la tarea y en el hombre para amalgamarlos y encaminarlos en la Historia. Por eso los poetas elevaron el, canto hasta su altura. Hasta su silenciosa presencia, hasta su prestigiosa ausencia, hasta su dimensión creciente.

Yo digo: maestro, hermano, te seguiremos cantando, seguiremos llamándote. Así no estarán solos nuestros pueblos en su dura ascensión a la libertad y a la dignidad.

Compilación y texto de Ricardo Cuya-Vera
ArteyCultura.TV

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